Por: Oscar Súmar
Desde que ocurrió la crisis financiera, parece que todos los que ya propugnaban que el Estado debería intervenir en la economía estuvieron francamente felices. Claro, la crisis del sistema financiero Americano, considerado el rubro más capitalista dentro de la economía más liberal del mundo, les daba la razón: la competencia (o el libre mercado) por sí misma no funciona. Esto se ha traducido en, principalmente, dos grandes propuestas: (i) regular más (y mejor) los sectores financiero y bancario; e, (ii) inyectar dinero en algunas industrias que están a punto de quebrar.
Lo primero es chistoso. La gente dice que hay que regular más; pero olvida que el sector financiero es probablemente el más regulado. Así, por ejemplo, hoy día, el destacadísimo abogado Jorge Avendaño opina en El Comercio que:
La crisis financiera mundial ha obligado a pensar en aspectos de la vida económica y política que parecían intocables. Países como Estados Unidos, Islandia, Alemania e Inglaterra, entre otros, han inyectado cuantiosos recursos de sus contribuyentes para salvar sus empresas financieras. Y no solo estas, sino también empresas industriales que ya tenían serios problemas desde antes de la crisis hipotecaria.
Con esto ha caído el mito de los ultraliberales de que el mercado lo arregla todo y que el sector público no debe incursionar en la actividad privada, sino limitarse a la prestación de los servicios esenciales (salud, educación, justicia, defensa, etc.).
La presencia de los entes reguladores es indispensable en las economías de mercado. La desregulación, propugnada en EE.UU. por algunos sectores, ha fracasado rotundamente. La intervención del Estado es necesaria en muchos campos, y más aun en el funcionamiento de las instituciones financieras por la incidencia que tienen en la economía, en el aparato productivo y, por consiguiente, en el empleo y el bienestar de los ciudadanos.
¡Dios mio, qué sabio! Lo que olvida Avendaño -fuera del hecho de que no conoce nada acerca de la historia de la regulación en EE.UU., país donde precisamente se creó el término- es que el mercado financiero dista de ser uno desregulado, tal como sostiene un estudioso del tema (ver páginas xxii y xxiii) pero que es algo que cualquiera se podría dar cuenta si prestara atención:
(…), en el campo financiero y monetario de los países occidentales se ha desarrollado con carácter coactivo una serie de instituciones, básicamente en torno al banco central, la legislación bancaria, el monopolio de emisión de moneda y las leyes de curso forzoso, que hacen que el corazón del sector financiero de cada país se encuentre plenamente regulado y, por esta razón, mucho más próximo del sistema socialista de planificación central que del que sería propio de una verdadera economía de mercado.
El mercado financiero es probablemente el más regulado de la Economía. Entonces, cuando éste falla, ¿por qué habríamos de pensar que la falla se debió a la ausencia de regulación? Sin duda, el autor citado, Jesús Huerta de Soto, concluye exactamente lo contrario, luego de un exhaustivo análisis acerca de la relación entre regulación del sistema financiero y crisis monetaria.
Quizá en el fondo del tema subyace nuestra proclividad hacia pensar que la regulación es necesaria. Tal como lo ha expresado el ganador del nobel Milton Friedman (ver página 2 del PDF):
Luego de la caída del comunismo, mayoritariamente se acordaba que el capitalismo era un éxito. Lo curioso es que cada país capitalista del mundo aparentemente concluyó, desde entonces, que occidente necesitaba más socialismo.
Entonces, tenemos que lógicamente es imposible derivar que la falla del sistema finaciero se deba al mercado, dado que éste es uno ampliamente regulado; pero más aún, las constataciones de años de estudio de economistas y otros científicos sociales también nos llevarían a pensar exactamente lo contrario (es decir, que lo que estaba mal era la regulación en primer lugar), tal como lo señala el premio nobel James Buchanan:
(…) se ha descubierto que la alternativa del sector público es intrínsicamente inferior a la del mercado. (…). Una vez más, ante el apoyo analítico con que cuenta la hipótesis, la conclusión a efectos políticos se convierte frecuentemente en la siguiente: “Poner a prueba el mercado” o “Privatizar”.
Esto no se opone a los programas sociales, pero no hay que confundir estos con la regulación. Para estos mismos economistas (incluido el profesor de regulación de Harvard Steven Shavell) es mejor una redistribución directa de los tributos que la distorción del mercado mediante reglas que muchas veces responden al interés de las empresas.
Y nuestro tercer y último punto respecto a la propuesta de Avendaño: hay que saber, sobretodo si uno está en el negocio de estudiar leyes, que la mayor parte de la regulación, y la financiera sin duda no es una excepción, responde al interés de las propias empresas reguladas. Ahí están Kip Viscusi, Alfred Kahn, Gary Becker, George Stigler,James Buchaman, etc. (tres de ellos son ganadores del premio nobel de Economía) esperando ansiosos a ser leídos… anímese.
Respecto a la propuesta de inyectar dinero a la Economía, ésta tiene un problema de principio que tiene raíces semejantes al anterior: ¿quién decide que empresas merecen salvarse y cuáles no? Sin duda no el público y de ellos son los impuestos que se utilizan.
Además, el elegir a unos sobre otros trae problemas de distorción de la Economía, en cuanto el Estado no tiene -y de hecho no podría tener (en la medida en que el mercado se basa en la innovación que, por definición, es impredecible)- información acerca de cuáles industrias debe propiciar y cuáles no (ver el libro de Robert Cooter -economista, autor junto a Ullen de el libro de análisis económico del Derecho más leído del mundo- Law and the Poverty of Nations, p. 22).
Por eso, nos parece completamente válido, dadas las circunstancias, el pedido de la industria pornográfica por ser rescatada por el Gobierno de EE.UU. En ese sentido, Joe Francis, sumándose a Larry Flint, fundador de Girls Gone Wild, sostuvo que: “El Congreso parece dispuesto a ayudar a levantarse a nuestro más importante negocio; nosotros creemos que merecemos la misma consideración”. Ese sí es un sabio.